La gran aventura nipona I

DÍA 1: MADRID – TOKIO

El día comenzó temprano en Madrid. A las 6:00 de la mañana venían a recogernos al hotel para llevarnos al aeropuerto. Estábamos cansados… muy cansados, pero emocionadísimos por la aventura que comenzábamos. JAPÓN, there we go!!!

El vuelo salió con un poco de retraso, parada en Frankfurt, y tras 11 largas horas más de vuelo habíamos llegado!!! Ayyy, y ahora qué??? Con todos los preparativos de la boda, el viaje lo habíamos relegado a un segundo lugar… y todos nuestros miedos e inseguridades afloraban de golpe. ¿Y si no entendemos los carteles? ¿Y si no sabemos llegar a Tokio? ¿Nuestro hotel dónde estaba? ¿Encontraremos sitio para cambiar los yenes? ¿La JRP dónde se canjeaba?

Llegamos al aeropuerto de Narita sobre las 7:00 de la mañana (las 12:00 de la noche en España). Así que casi sin dormir, estábamos en Japón con todo un día por delante. Tras pasar el control de inmigración y recoger las maletas pasamos a cumplir  nuestros cometidos en el aeropuerto.

Cometido 1: Cambiar  yenes.

Este paso era vital. Sin yenes no había aventura en Japón (o quizás todas las aventuras, jajaja).  Encontramos una casa de cambio cerquita de la salida de las maletas y a un precio razonable. Cometido cumplido.

Cometido 2: Canjear el JRP.

La JRP (Japan Rail Pass) es básicamente una tarifa plana para viajar en los trenes de la compañía JR, que se compra para 7 o 14 días, a unos precios mucho más razonables que si comprases los billetes de manera individual. Nosotros lo habíamos comprado para 7 días y nos habían mandado un resguardo a España… pero necesitábamos canjearlo una vez en Japón. Tuvimos que dar un par de vueltas para encontrar la oficina donde canjearlo, pero otro reto conseguido.

Cometido 3: Comprar la SUICA

Es una tarjeta que sirve básicamente para montarse en el tren en Tokio. No te ahorras nada con ella pero te facilita mucho la vida porque no tienes que comprar un billete cada vez. Pasas la tarjeta y se va descontando de ella sin más. Hecho.

Cometido 4 (y no por ello menos importante): Comprar billetes hasta Tokio.

Esto puede parecer obvio… pero hay una barbaridad de maneras diferentes para ir a Tokio… y con precios y tiempos de llegada muy diversos.

– Con la JRP. Nosotros aún no la íbamos a activar así que esta opción no valía.

– Con la Keisei line que tiene dos tipos de líneas: la Narita Sky Access (Con las líneas Sky Liner y Access Express) y la Keisei Honsen (Con las líneas City Liner, Limited Express, Morning Liner y la Evening Liner).

– Con el Nex Direct Tokyo Ticket.

– Con el bus airport limousine…

Al final ¿la opción elegida? La más barata, jajaja. La Limited Express de la Keisei.

A todo esto, comprando los billetes y decidiendo entre todo este sin fin de posibilidades, se nos acercó la televisión japonesa para hacernos una entrevista. Tierra trágame!!!! Yo me alejé un poco, avergonzada, jajajaja, pero alguien tenía que atender a los medios, jajajaja. Así que Álvaro estuvo respondiendo a todas sus preguntas que obviamente le hacían en japonés y que una japonesa le traducía al inglés por lo “bajini” para que él pudiera entender algo. Fue bastante estándar, que a qué vienes a Japón,  qué te gustaría hacer durante la estancia, qué ciudades vas a visitar, y otras cosas por el estilo.

Después de pasarnos el aeropuerto de Narita con todos los logros desbloqueados subimos a un par de trenes hasta llegar a nuestro nuevo barrio: Shinjuku.

Me encanta esa sensación de salir a una ciudad desde el metro o un tren. Esa primera imagen se queda grabada en la retina para siempre. La que me quedo de Tokio es una plaza enorme, en la salida este de la estación de Shinjuku. Carteles luminosos gigantes, altísimos… anunciando tiendas, restaurantes, etc. que no sabía leer. Una pantalla gigante mostrado el top ten musical de esa semana. Un Bic Camera. Japoneses… muchos japoneses. Mascarillas blancas. Paragüas transparentes clonados de Don Quijote (esto lo supe después).

Sobre las 12:00 llegamos al hotel (no sin antes dar unas cuantas vueltas… porque la estación de Shinjuku tiene lo suyo). Por el camino no podía parar de mirar hacia arriba cual guiri recién aterrizada. Más carteles luminosos, más tiendas… y ni un letrero con los nombres de las calles.

Nos dijeron que hasta las 15:00 no nos podrían dar la habiatación así que dejamos allí nuestros maletorros y nos fuimos a dar una vuelta por el barrio y a buscar algo para comer, que sin dormir teníamos el cuerpo cortado del todo. Teníamos básicamente dos opciones: o buscar un McDonald’s cual guiri acongojado y probar la comida japonesa ya si eso otro día… o lanzarse a la aventura. Pero nosotros habíamos ido a jugar!!!

Desde la estación además de mirar carteles y luminosos me había ido fijando en los sitios para comer (al menos en los que estaban a pie de calle). Me llamó mucho la atención las comidas de mentira que tienen en la puerta. Son réplicas exactas de lo que te vas a encontrar dentro, lo cual es mucho de agradecer cuando no entiendes la carta. Y en especial me fijé en un pequeño restaurante, con una puerta de bambú corredera y la típica cortinita de tela en el que no paraban de entrar japoneses (la mayoría solos) con traje de chaqueta y cartera en mano. Allí se tenía que comer bien!!!

En el escaparate de fuera estaba la comida de plástico y su respectivos carteles en japones (nada de inglés). Nos miramos, respiramos hondo, memorizamos cada uno los simbolitos del plato que más nos entró por los ojos… volvimos a respirar hondo y corrimos la puerta de bambú. Y… Oh yeah!!! Nos recibió una maquina expendedora. Bueno, al menos con las máquinas estamos acostumbrados a tratar. De hecho, creo que casi fue un alivio que fuera así. Pues nada, afanados en nuestra idea de comer comida local buscamos los botoncitos que tenían los símbolos que habíamos memorizado fuera, echamos los yenes oportunos… et voilá!!! Dos papelitos con nuestra comanda!!! Y ahora con esto qué??? Jajajaja. Entramos hasta el final del bar y una amable señora nos recogió los tickets. Nos debió ver caritas de corderos degollados porque tras soltar una frase en japonés que obviamente no entendimos (creo que se dió cuenta ella también) nos dijo en inglés que esperásemos y que ya nos llamaría por nuestro número (que, por cierto, era lo único que entendíamos del ticket, jajaja). Y a los cinco minutos allí estaba la amable señora gritando nuestros números con un par de platos de udon. Ummmmm, estaban de muerte y nos sentaron la mar de bien. Ya sabíamos que la comida japonesa mola… pero ahora ya no teníamos ninguna duda.

Con el estómago lleno y un sueño de muerte (esto era jet lag y lo demás tonterías) fuimos de nuevo al hotel. Nos dieron las llaves de la habitación y… no estaba nada mal. Todo el mundo decía que las habitaciones en japón son muuuuy pequeñas. Que las camas de matrimonio parecen individuales… A nosotros nos pareció la mejor habitación del mundo y la más acogedora. Nos volvimos a mirar y de nuevo estuvimos de acuerdo. O nos dormíamos una siesta reparadora… o no íbamos a ser capaces de dar más de dos pasos seguidos.

Y así lo hicimos. Y despertamos mucho mejor. Y ya era de noche :S (A las 17:00 anochecía).

Así que raudos y veloces nos fuimos a explorar el barrio. Cerca (donde cerca es que se podía ir andando) estaba el ayuntamiento que tiene un mirador gratuito en la planta 45. Tras dar unas cuantas vueltas (os recuerdo que no hay carteles en las calles… al menos, nosotros no los hemos visto) conseguimos localizarlo. Y ohhhh, vaya vistas!!! No se veía el horizonte. Solo edificios, luces, más edificios. Estuvimos un buen rato contemplando aquella maravilla. Toda esa ciudad nos aguardaba…

Y como hacía rato que era de noche y estábamos bastantes cansados, decidimos volvernos al hotel… no sin antes cenar algo por el camino.

Ummmmmm, sushi!!!! Así fue. Cerca del hotel, otro local chiquitito con 3 o 4 japos sentados en la barra tras la que un sushiman montaba los niguiri de una forma hipnotizadora. Aquí si nos sacaron carta en inglés, pero estaba claro: Un surtido de sushi para cada uno.

Estaba buenísimo, espectacular… cada pieza mejor que la anterior.

Y volvimos al hotel felices. A descansar! Al día siguiente Tokio nos esperaba con los brazos abiertos, y nosotros nos queríamos lanzar sin paracaídas!

Nota mental 1: ¿Tu quieres cansar a las personas? Igual contar el viaje no significa ser tan explícito, ¿no?

Nota mental 2: Resumir, resumir, resumir.

Nota mental 3: Parece que el primer día solo comimos… jajajaja

Edito para subir la canción que estaba el número 1 en el top ten musical. No os podéis perder este temazo!!! Cómo lo había olvidado!!!??

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5 pensamientos en “La gran aventura nipona I

  1. Me encanta!!! y me declaro super fan de Álvaro atendiendo a la prennsa comomuna autentica celeeeeebrity!!

    Más! y no resumas! 🙂

  2. Que se me estaba pasando leer estas crónicas!! Niña, esto lo tienes que redactar con más detalles aún, y documentado con fotos, muchas fotos, y editarlo, maquetarlo e imprimirlo encuadernado. Hazme caso que cuando pasen los años será tu tesoooroooo!!!

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